viernes, 21 de septiembre de 2012

Entramos a Colombia

La partida de Quito fue adrenalínica pues la kombi recién estuvo lista el mismo día en que se vencía su permiso para rodar por Ecuador. Luego de despedirnos de nuestros queridos anfitriones, Ivonne y Carlos, salimos cerca de las 10 de la mañana en dirección Tulcán, la frontera de Ecuador con Colombia.
La kombi aparentemente andaba bien, pero nosotros después de lo que pasó con el arbol de levas habíamos perdido toda la confianza en ella. Llegando a Otavalo nos ocurrió otra de esas locas "coincidencias" que hacen que la vida parezca un guión redactado de antemano: pasando por una parada de micro escucho que Gus dice "Qué hacés Laura?!" Eran Laura, Balta y su bebé Prabhu, los vecinos de Paulina y Miguel en Vilcabamba. Fue una alegría verlos y ponernos al día, tal vez sentir que al encontrarnos de esta forma tan inesperada nos estaban dando una señal, de que estábamos en el camino correcto. Estaban yendo a Colombia, el país de Laura, para presentar al pequeño Prabhu a toda la familia. Luego de almorzar juntos nos despedimos y seguimos nuestro camino pues el tiempo apremiaba y a toda la ansiedad que genera cruzar una nueva frontera se sumaba la de no sentirnos seguros con esta kombi que habíamos descubierto estaba perdiendo aceite de motor a lo loco. Con esta nueva dificultad llegamos a la frontera y constatamos que había perdido casi todo el aceite, algo definitivamente no andaba bien. Por suerte teníamos algo de aceite que había sobrado y pudimos rellenar, pero ya nuestras energías andaban por los suelos y con poco mas de cien dólares en el bolsillo entrando a Colombia, un país que nos habían advertido es caro, llegamos realmente a sentir angustia. En fin, no nos quedó mas remedio que pedir ayuda económica a nuestras familias y gracias a eso es que pudimos seguir con la camioneta, porque de otro modo no nos hubiera quedado mas remedio que dejar a la kombi abandonada por ahí y seguir a pie. Cosa que no hubiera sido tampoco el fin del mundo pero sí una enorme pérdida de capital, pues todo lo que poseemos es esta kombi y lo que lleva dentro.
Dormimos en la frontera y el 11 de Septiembre entramos oficialmente en Colombia. La primera ciudad es Ipiales, donde tuvimos que encargarnos de hacer varios trámites, entre ellos comprar más aceite para lograr llegar a Pasto sin fundir el motor. Llegamos de noche y teníamos la esperanza de que algún miembro del club de Volkswagen en esta ciudad nos pudiera dar una mano, pero sólo una mujer respondió a nuestro mensaje y la respuesta era que no nos podía recibir. Además nos dijo que no nos fiemos quedándonos a dormir en la calle pues había muchos asaltos, y nos dio un dato que sería clave en nuestro recorrido por Colombia: pedir cobijo en los cuarteles de bomberos. Súper amables, el cuartel de bomberos de Pasto nos dejó entrar con la camioneta y dormir dentro de sus instalaciones, usar la ducha y la cocina, y sobretodo sentirnos tranquilos de que nadie nos iba a venir a molestar en la mitad de la noche. Demás está decir que para Nehuén es lo mejor del mundo poder jugar con camiones de bomberos tamaño real.
Al día siguiente un aspirante a bombero nos llevó hasta su mecánico, pero este no sabía nada de estos motores y nos llevó a otro, que en principio dijo que estaba demasiado ocupado, pero Gus le propuso hacer todo lo que pudiera él mismo y así accedió. Metimos la camioneta al taller, y vuelta tuvo que tirarse Gus a sacar el motor, por tercera vez en lo que iba del mes. El asunto no era grave, la perdida era por unas tapas que no habían quedado bien ajustadas por andar armando el motor a las apuradas en Quito y también se habían roto o doblado unas varillitas que tienen como tarea empujar a las válvulas. Hasta el día de hoy es un misterio el porqué se rompieron.
En este taller se nos acercó un señor mayor de apariencia amable y se presentó como Roberto. Roberto es aficionado a los VW's, tiene dos kombis, una Westfalia y un escarabajo, un verdadero fanántico. Además nos contó que era dueño de una reserva natural en las afueras de Pasto, y nos invitó a que nos quedáramos allí por unos días una vez que terminemos de solucionar nuestro problema con la kombi. Dormimos una noche mas en lo de los bomberos y llamamos a Roberto pues no nos íbamos a perder conocer un lugar lindo si se nos daba la oportunidad. Pasamos dos noches en una cabañita que nos prestaron en este hermoso lugar, la Reserva Natural Morar. Cocinamos, nos relajamos y tratamos de dejar atrás toda la pesadilla mecánica en la que se había transformado nuestro viaje.
A pesar de la belleza del lugar hacía bastante frío, y esto no nos permitía sentirnos del todo "en Colombia", así que el domingo seguimos rumbo al norte. No estábamos muy seguros sobre qué camino tomar. Teníamos ganas de ir a San Agustín, pero la gente nos desaconsejaba tanto por el estado de las rutas como por la seguridad en las mismas, así que desistimos y nos dirigimos hacia Popayán. El camino, bordeando las laderas de las montañas en esta zona son puras curvas y subidas y bajadas, y la kombi lo hizo bastante bien, no se recalentó ni una sola vez. Se ve bastante miseria en esta zona que además está sufriendo una fuerte sequía. En un tramo algo surrealista, personas ancianas y niños cortan la ruta con sogas para pedir limosnas a los autos que pasan.
Luego de un tramo largo llegamos a almorzar en un pequeño pueblo "El Bordo", y aprovechamos la plaza para que Nehuén jugara un rato pues ya andaba aburrido del encierro en la kombi. Ya hacía calorcito así que nos sacamos todos los abrigos y por fin nos sentimos mas a gusto. Esa noche también la pasamos en la estación de bomberos, y al día siguiente salimos después del desayuno con rumbo a Popayán. A pocos metros de dejar el pueblo sobre la ruta vimos estacionado un auto marca Renault con placa argentina. Era una pareja de artesanos argentinos que habíamos conocido en Ecuador! Lucas y Lucre salieron de su natal Entre Ríos hace seis meses para recorrer sudamérica como nosotros, y todos nos sentimos muy contentos de habernos encontrado. Desde entonces estamos viajando en caravana, algo que definitivamente ha hecho que nos reconciliáramos con el viaje y que la pasemos mucho mejor. Llegamos todos juntos a Popayán a descubrir un poco de esta ciudad que tiene un hermoso centro histórico colonial.
Lo bueno es que con los chicos tenemos en común el vivir y sustentar el viaje con la artesanía, y por eso viajamos a ritmos parecidos y nos encontramos con las mismas dificultades. Colombia es un país difícil de viajar solo con artesanía. Se vende poco y lo que se vende tiene que ser barato, la gasolina es cara, y llenar el tanque por eso resulta difícil. Además las rutas están plagadas de peajes de alto costo, lo que encarece todo aún mas. Por suerte todos tenemos un "plan b", que mas que "b" se ha vuelto "a". Ellos bailan tango en restaurantes y luego pasan la gorra, y nosotros vendemos postales en las gasolineras. Lo de las postales no es una originalidad nuestra, la mayoría de viajeros motorizados tienen postales de sus viajes para vender, pero Colombia parece ser el lugar perfecto para hacerlo. La gente es sumamente amable y colaboradora, todo el tiempo se nos acercan a hacernos preguntas y a ofrecernos su ayuda, y es por eso que la venta de postales ha sido clave para poder avanzar nuestro camino. Las vendemos a colaboración voluntaria, y en un par de horas estamos listos para tanquear y seguir. Sin este recurso hubiera sido muy difícil esta travesía, al menos para nosotros que tenemos siempre lo justo y necesario en los bolsillos. Los bomberos de Popayán no nos quisieron recibir, ni siquiera nos prestaban el baño así que por falta de hospedaje seguro duramos muy poco en ese lugar y seguimos en dirección norte, hacia el Valle del Cauca donde las rutas se volvieron planas y más rápidas de transitar. Hicimos una pasada rápida por Cali y salimos corriendo espantados por la urbe y su tránsito pesado.
Hace algún tiempo ya, en Canoa se nos había roto el cochecito de Antú. Resultaba pesado andar sin cochecito, con Antú cargado todo el tiempo, pero no habíamos podido comprar otro por todos los gastos que habíamos tenido con la kombi. Así que no se nos ocurrió mejor idea que colocar este cartelito en la parte de atrás de la camioneta:
Al día siguiente de haber puesto el cartelito, un señor en pleno tráfico de Cali me envía un mensaje con la vendedora de gaseosas "tengo un cochecito para ustedes!" Me dio su dirección y hacia ya nos fuimos, felices, a buscarlo.
Si bien sí se nota que hay bastante delincuencia, producto de esa plaga que son las drogas fuertes, Colombia no es el país violento que todos te pintan. La gente es cálida, educada y amable, y en todo momento nos hacen sentir bienvenidos en su país. Tiene una historia fuerte, como la tienen todos los países Latinoamericanos, pero creemos en este poco tiempo que hemos estado aquí, que su mala fama es inmerecida. Hay que andar con cuidado, como hay que andar con cuidado en muchos lugares, en donde la pasta base está destruyendo a buena parte de la población. Es una pena pues imagino un mundo sin este mal, un mundo menos violento definitivamente.
Fuimos a la siguiente ciudad pasando Cali, llamada Palmira, dormimos fuera del cuartel de bomberos pero solo duramos una noche. Según nos enteramos antes de irnos a dormir, Palmira ocupa el primer lugar en inseguridad de Colombia, así que para no arriesgarnos innecesariamente "rajamos" lo mas rápido que pudimos. Ahora estamos en "Buga", una ciudad que es conocida por su Basílica con Señor de los Milagros incluído.
Como ya se ha hecho costumbre en estos diez días en Colombia, hemos sido recibidos con los brazos abiertos por el cuerpo de bomberos del lugar. Nosotros disfrutamos de un poco de comodidad, y para los niños es un verdadero parque de diversiones.
Mañana seguimos viaje rumbo al eje cafetero, a ver que nuevas aventuras nos esperan!

1 comentario:

Maria Camila dijo...

Que nota de viaje!! Son una familia estupenda. Yo soy Maria Camila, una colombiana. Hoy tuve la suerte de verlos en una bomba que se llama "Petrobrass" en chía. Les compré dos de las imágenes lindas que tienen de su camioneta viajera por el mundo. Sé que salen para villa de Leyva, es un lugar precioso. Les recomiendo mucho (aunque no va por el camino de Villa), un lugar que se llama San Gil, hay muchas cosas por hacer y paisajes hermosos!
Me encantaría emprender algún día un viaje como el de ustedes! En serio que nota, les deseo lo mejor y estaré pendiente de todo lo que pongan en el blog de sus viajes.
Si necesitan dormir alguna noche en chía, mi casa está mas que a la orden, me encantaría recibirlos! Cualquier cosa o ayuda que necesiten, me cuentan que me parece un honor ayudarlos! :) :D sigan disfrutando y pasándola delicioso.