Han pasado siete meses desde nuestra última entrada y desde la partida de Lima con rumbo al norte. Salimos apurados porque terminaba la temporada de verano y ese era el único momento en que podíamos lograr llevar a la kombi hasta el Ecuador, que fue la primera meta que nos trazamos. Si hubiera sido por nosotros nos quedábamos más tiempo descansando y dejándonos engreír por la familia en Lima, y tal vez por eso el viaje no se nos hizo muy llevadero que digamos. En parte nos sentíamos atrapados por esta vida nómade, y sentíamos que necesitábamos urgente un ancla, un lugar. Antú aun estaba tan pequeño que era difícil estar con él en la playa por la arena y el sol y yo sentía que la kombi nos quedaba pequeña y que necesitábamos urgente un espacio mas grande en donde refugiarnos. Además de eso se sumaba la obligación de juntar la moneda todos los días para llenar el tanque, pagar peajes y alimentarnos. De todas formas la guerreamos y aunque no fue fácil logramos llegar a las playas del norte peruano para principios de marzo, en todo momento cuestionándonos si habíamos tomado la desisión correcta al seguir viajando, o si deberíamos quedarnos en algún lado e intentar una vida mas sedentaria... pero siempre terminábamos preguntándonos "pero, y donde?" y lo único que se nos ocurría era seguir para adelante y ver qué nos esperaba más allá, si la vida nos tiraba alguna señal acerca de qué hacer.
El camino, caleteando las playas de la costa norte peruana













Una de nuestras playas favoritas es Lobitos, por su tranquilidad, clima ideal y olas perfectas para practicar el surf, la pasión de Gus y su motivación primaria para viajar. Es decir, parada obligatoria para nosotros. Yendo de camino a Talara vimos un cartel que decía "Frontera con Ecuador a 60km" (o así nos pareció). Nosotros no teníamos idea de que había otra frontera alternativa a la de Tumbes, y rápidamente tomamos la decisión de que después de Lobitos volveríamos para entrar al Ecuador lo antes posible, atraídos principalmente por su combustible barato, por la posibilidad de vender un poco mejor y por estar pronto en una zona que todavía no conocíamos, ya que en el norte peruano habíamos estado antes muchas veces. Pasamos unos lindos días vacacionales en Lobitos, donde Gus pudo disfrutar a plenitud de sus amadas olas. Lobitos es un lugar especial con un turismo netamente surfista y un ambiente relajado donde se respira la pura tranquilidad. Tiene algo de pueblo fantasma, pero es visitado por surfistas del mundo entero por la calidad de sus olas. También es una zona de explotación petrolera y un campamento militar. En sus tiempos mozos, hace mas de 100 años fue propiedad de los ingleses, la "Lobitos Oil Company" y se dice que albergó el primer cine de América Latina. Los materiales de las casas de madera que hoy en día están siendo reconstruidas por nuevos inquilinos fueron traídos desde Europa en barcos para alojar a los trabajadores de la compañía. Luego, en los años 60 con la reforma agraria la Lobitos Oil Company fue expropiada por el gobierno de Velasco Alvarado y pasó a ser propiedad del estado y base militar por su ubicación estratégica cerca de la frontera con el Ecuador.















A pesar de la belleza del lugar y del clima perfecto, yo me seguía sintiendo agobiada por vivir prácticamente de campamento con un bebito tan chiquito. Fue así que una semana después arrancamos encarando hacia el Ecuador. La ruta nos sacaría por la frontera de Macará a la provincia de Loja, en donde sabíamos se encontraba el pueblo de Vilcabamba del que antes habíamos ecuchado muy buenas referencias.
Por suerte el paso fronterizo de Macará es de lo mas tranquilo y para nuestra sorpresa no tuvimos ningún problema con ninguno de nuestros papeles. Sólo tuvimos la buena suerte de que a Gus le registraran la entrada como peruano, lo que significa que le dieron, tal como a mi, seis meses de estadía. Lo raro es que a los niños y a la kombi les dieron apenas tres. La salida de la kombi por esta frontera fue todo lo contrario de la de Puno, pues los agentes de aduana no la quisieron ni mirar ni registraron de forma alguna su salida. Mejor para nosotros!
El paisaje ya había cambiado por completo y habíamos pasado en menos de 300km del desierto peruano a la húmeda vegetación verde y montañosa de esta zona del Ecuador. Creo que el hecho de haber cambiado de país y estar en terreno desconocido hizo que cambiara mi onda por completo y se reavive mi espíritu viajero una vez más. Pasamos una noche en el pueblo fronterizo para al día siguiente emprender la empinada subida hacia la ciudad de Loja. El único inconveniente que tuvimos fue que en un momento se cortó el cable de embrague, pero como teníamos uno de repuesto lo pudimos solucionar rápidamente. Por la tarde estábamos llegando a Loja pero como la ciudad no nos atrajo mucho como para quedarnos, decidimos avanzar 52km más hasta Vilcabamba.
Vilcabamba es un pueblito hermoso ubicado en medio de las montañas y es conocido mundialmente por la longevidad de su población que es estudiada por científicos de todas partes. Ni bien llegados le dimos un par de vueltas al pueblo en la kombi hasta que pasó un auto vendiendo tamales y humitas y como por el viaje no habíamos comido muy bien nos estacionamos a un lado de la plaza principal para comerlas. Para ese entonces había comenzado a llover. En eso paró una moto muy cerca nuestro y se bajó una chica corriendo como yendo a buscar algo. Gus la llamó cuando volvía y le preguntó si sabía de algún lugar que estuviera bueno como para dormir en la kombi y ella respondió inmediatamente "Sí! Síganme". Arrancó la moto y nosotros la seguimos hasta la entrada de una casa, donde ella se bajó y nos dijo que entráramos la kombi. Nos había llevado a su casa! Cuando nos bajamos nos estaban recibiendo dos parejas, una niña y dos bebés y nosotros no podíamos creer que el destino haya sido tan preciso con nosotros porque qué mejor que ser recibidos por gente generosa que te invita a quedarte en su casa? Se trataba de dos familias y dos casas separadas por un jardín y una zanja, y a nosotros nos dejaron quedarnos estacionados en el jardín. Paulina y Miguel, ella alemana y él ecuatoriano, y también artesanos viajeros, nos invitaron a pasar a su casita que parecía sacada de un cuento, y nos dijeron que nos quedáramos a dormir porque el lugar que hubiera estado bueno para que pasemos la noche, un estacionamiento al lado del río, ese día no era recomendable porque era viernes y se llenaba de borrachos. Fue así que nos sentamos a su mesa y fue llegando cada vez mas gente que caía a la casa a compartir el rato espontáneamente y nosotros estábamos encantados con todo esto, a la vez que realmente exhaustos por el largo trayecto que habíamos hecho. Algunas personas me preguntaban hasta donde queríamos viajar y yo no sabía qué responder. Es que nuestro viaje nunca tuvo una meta fija y en ese momento, con el cansancio y con el viaje pesado que habíamos hecho desde Lima, o mejor dicho desde Argentina, yo no quería saber nada con viajes y sólo pensaba en alquilar una casita y hacerla nuestro hogar, al menos por unos meses.



Los días pasaron, fuimos conociendo a mas personas y Paulina y Miguel nos invitaron a quedarnos el tiempo que quisiéramos en su casa, cosa que aceptamos encantados, al menos hasta encontrar un lugar para alquilar. Y esa no fue una tarea fácil. Por la fama de ambiente saludable que tiene Vilcabamba, los extranjeros, especialmente los de Estados Unidos han copado el lugar y los precios de los alquileres son especialmente altos. De los terrenos ni hablar, son casi enteramente propiedad de extranjeros que vinieron hace muchos años, compraron tierras por dos centavos y de este modo se apropiaron de montañas enteras. Lo que es bastante triste es que estas personas ni se molestan en aprender el español y pueden estar viviendo hace años en el Ecuador sin relacionarse con ecuatorianos simplemente por no querer aprender el idioma y así forman guettos de "gringos" que sólo paran entre sí completamente aislados del resto de la población. Nos parece una tremenda falta de respeto y la verdad yo nunca quise hablarle a ninguno en inglés porque pienso que debería ser obligación de todo aquel que vive en un país de habla distinta el aprender el idioma o como mínimo intentarlo, y que al hablarles nosotros en inglés solo estamos fomentando esta actitud. Pero volviendo al tema y en resumidas cuentas estuvimos mas de un mes viviendo con los chicos hasta que encontramos una casita ideal para nosotros, de precio razonable, con jardín, una gran cocina y una vista espectacular.




Mientras tanto Nehuén, porque así lo quiso, estuvo yendo a una escuelita alternativa llamada "La Calandria". Aunque no teníamos pensado mandarlo a ninguna escuela aún, la experiencia fue muy positiva especialmente porque ayudó a que lograra independizarse un poco de nosotros, aprendiera a relacionarse con otros chicos y a compartir en colectividad mas allá de nuestra presencia.
En Vilcabamba no solo vivimos de las ventas de artesanía porque hubiera sido muy difícil ya que solo se vendía los fines de semana y, al menos nosotros, apenas sacábamos para los gastos de la comida. Entonces Gus se puso a hacer empanadas con German, un artista de la calle chileno, y fueron un éxito. Tanto así que ya tenían clientes fijos que esperaban a Gus pasar con la canastita repleta de deliciosas y recién horneadas empanadas caprese. También trabajó un par de veces en una obra de construcción pero no resultó muy bueno porque el que le daba el trabajo era un brasilero aficionado a las drogas y lo dejaba plantado constantemente.
Es muy difícil resumir toda una vida en un par de párrafos. Toda una vida fue la que transcurrió para nosotros en Vilcabamba. A pesar de solo haber sido tres meses conocimos a tantas personas increíbles, hicimos tantos amigos, tantas familias amigas para toda la vida que me tomaría un libro entero relatar todas las anécdotas vividas y tantas cosas aprendidas. Así pasaron los meses, haciendo panes, empanadas y dulces de Guayaba, caminatas por el monte, organizando el festival de la escuelita y disfrutando de tener una casita a la cual llegar después de una fiesta o reunión, y poder sentirla nuestra aunque sea por un tiempo. También nos pusimos por fin las pilas y le hicimos unos dibujitos a la kombi.












Para Junio ya nos picaban los pies y nos sentíamos listos para encarar nuevamente las rutas, moríamos de ganas de volver a la playa, nuestro hábitat preferido. Antú para entonces ya estaba dando sus primeros gateos, había comenzado a comer y aunque fue triste despedirnos de la comunidad de la que habíamos formado parte en los últimos tiempos, lo cierto era que no sentíamos que ese era el lugar donde parar definitivamente de viajar. Todavía nos llamaba el norte aunque aún no sabíamos hasta donde ir. Gus se tomó un micro a la frontera con Perú para renovar el permiso de estadía de la kombi y el 20 de Junio nos fuimos a Saraguro para los festejos del Inti Raymi, la fiesta andina del solsticio en adoración al Sol. Fueron unos días alucinantes que pasamos en la comunidad "Las Lagunas". Una experiencia inolvidable tomando chicha de jora y caldo de vaca hasta la saciedad, alojados en una escuelita hermosa llamada también "Inti Raymi". Los Lagunas y Saraguros en general mantienen firmes los nexos con su tradición y expresan su herencia no solo mediante sus largas trenzas y vestimentas típicas sino también hablando y enseñando a sus hijos la lengua Quichua y practicando sus rituales indígenas ancestrales. Se trata además de un pueblo de gente muy culta, amable y educada. Gus participó de una caminata nocturna que terminó en un baño helado de purificación en una cascada, y del baile de fin de fiesta con toda la comunidad. Yo por ahora me pierdo de esas experiencias por tener que darle la teta a Antú, pero me siento feliz de que Gus lo haya podido vivir.





Después del Inti Raymi encaramos hacia Cuenca, ciudad que queda aún en las montañas pero de camino hacia la costa. Ahí nos recibió en su casa Diana, la presidenta del club de VW en Cuenca y nos llevó a su mecánico de cabecera para hacerle a la Verdolaga sus chequeos respectivos. El mecánico "una fiera" como dice Gus, la puso a punto, reguló las válvulas y lo más importante le arregló los frenos, tarea que teníamos pendiente hacía mucho tiempo. Y por todo esto no nos quiso cobrar nada! Entonces les regalamos a ambos unos atrapasueños. Sabemos que esto no cubre ni remotamente lo que vale el tiempo y el trabajo de este mecánico, pero ese es el humilde agradecimiento que le pudimos dar. También, como nuestra visita coincidió con la celebración del Día Mundial del Escarabajo, o Pichirilo como le dicen en Cuenca, participamos de una caravana con los otros miembros del club por la ciudad de Cuenca que se robaba las miradas de todos los transeúntes.




En Cuenca nos agarró un clima feo, mucha lluvia y frío así que partimos pronto en dirección costa, atravesando el Parque Nacional Cajas, enfrentando una vez mas a las cumbres de la cordillera de los andes.







En la bajada desde la cumbre fue increíble como se nos taparon los oídos por la presión y se fue acalorando tan rápido el ambiente que nos tuvimos que sacar todos los abrigos casi desesperados. Nos salteamos la ciudad de Guayaquil y nos fuimos directamente al balneario de Salinas. En Vilcabamba prácticamente no habíamos podido ahorrar casi nada de dinero así que llegamos directamente a trabajar. Estacionamos afuera de un restaurante donde había un grupo de turistas colombianos esperando la comida y que se nos acercaron con ese estilo característico colombiano abierto y alegre para preguntarnos de todo sobre la kombi y nosotros. Ni lento ni perezoso Gus inmediatamente sacó nuestros trabajos y nos pusimos a vender. A los quince minutos de haber llegado a la Costa, ésta nos recibía con una venta inesperada de casi 50 dólares! Para el que recibe un sueldo fijo puede parecer poco, pero para nosotros que vivimos con lo justo y necesario y de la venta de nuestras artesanías significaba un comienzo alentador de la temporada por la costa del Ecuador. Salinas es una ciudad pequeña con una playa muy linda, y un mar delicioso, transparente y calientito. Logramos parchar en una feria que es prácticamente de pura reventa y nos fue bastante bien, seguramente porque los turistas se daban cuenta de la diferencia entre lo hecho por uno mismo y los cachivaches producidos en masa. Por eso nos quedamos aprovechando el fin de semana para juntar dinero y seguir hacia el norte caleteando esta vez las playas ecuatorianas.




Luego de Salinas nos fuimos a Montañita. La verdad es que yo no quería pasar por ese lugar, tenía un mal recuerdo de la vez que hicimos temporada de verano en el 2010 y terminé asqueada de ver tanta juerga y tanta locura por las calles de ese pequeño pueblito architurístico. Además ya habíamos estado en nuestro primer viaje juntos en el 2007 y en el 2001 por separado, antes de conocernos. Pero paramos para pasar a saludar a nuestros amigos Juan Camilo, Carolina y su pequeña hija Flora, familia colombiana que vive allá hace más de 5 años. Ellos tienen además de una tienda de ropa, una carnicería y un hostel, pero los buscamos por todas partes y no los encontramos. Estuvimos un buen rato dando vueltas y encontramos el lugar muy cambiado. No nos hayamos y decidimos seguir viaje con destino a Puerto López, a mas o menos 50 km para el norte. Antes de irnos fui a internet con la libretita de apuntes de Gus donde están anotados todos los correos para escribirle a una amiga de Vilcabamba que iba viajar a la costa y ver si la encontrábamos. Cuando estábamos ya a 20 km de camino a Puerto López no sé cómo se me vino a la mente la imagen de la libretita en internet y grité "Me olvidé la libretita!". Gus casi me mata por mi clásica distracción y a regañadientes pegamos la vuelta, él pesimista diciendo que seguro ya se perdió y yo esperanzada argumentando que quién se llevaría una poco interesante y destartalada libretita de apuntes. Por suerte ahí estaba, y lo mas loco fue que a los dos minutos alguien me toca la ventana y cuando volteo eran Miguel y Paulina de Vilcabamba! Habían venido con los papás de Paulina que estaban de visita de Alemania y nosotros no podíamos creer esta loca coincidencia, que si no me olvidaba la libretita nos perdíamos de compartir con estos entrañables amigos, esta vez en la playa. Son de esas cosas que pasan tan increíbles y que no que tienen mucha explicación. Inmediatamente decidimos quedarnos en Montañita para estar con ellos durante su estadía, y horas mas tarde y con mucha alegría encontramos a Juan Camilo y a Carolina, y casi en el mismo momento encontramos a Gonza, un caricaturista que viaja desde la provincia de Corrientes en Argentina en su viejo Renault 12 "La Clandestina" y que Gus había conocido en la Garganta del Diablo, en Salta cuando estábamos esperando a Antú. También encontramos a una mamá que viaja con su hijo de 23 años en otra kombi a quienes conocimos en Salinas, e hicimos campamento de kombis en la última calle de Montañita con salida al mar. De lujo! Pasamos unos días deliciosos, sin trabajar porque la migración en Montañita se había puesto muy dura y no nos quisimos arriesgar a pasarla mal, así que decidimos tomarnos unas merecidas vacaciones. Nos encontramos con muchos viajeros en vehículos en ese campamento, y en ese momento pensé que se podría escribir un libro entero con cada historia que se cruzó en ese lugar.




Después de Montañita fuimos directo a Puerto López, ya era hora de trabajar un poco y ni bien llegados encontramos el parche y a Gonza, que se había encontrado con su amigo de Corrientes y compañero de viaje Esteban y nos pusieron al tanto del lugar del "camping gratis" y demás datos. El primer día nos fue súper bien en las ventas, así que nos quedamos como dos semanas en este lugar que queda dentro del Parque Nacional Machalilla. Era la temporada de las ballenas que todos los años de mayo a septiembre llegan a aparearse a las costas ecuatorianas, pero como de Puerto López salen todos los tours oficiales para el avistamiento, este pequeño pueblo se torna muy turísico y por lo tanto excelente para el artesano viajero que busca juntar una moneda. Lamentablemente a la semana los revendedores de la feria movieron sus influencias y mandaron a los de la municipalidad para que nos boten a todos de la peatonal en donde estábamos trabajando. Esto pasa mucho tanto aquí como en Perú, que los revendedores ven a los artesanos como una competencia amenazante y se ocupan de expectorarnos del lugar que tomamos como puesto de trabajo. De todas formas como somos viajeros y adaptables, nos fuimos al malecón y también nos fue bastante bien. Después de darle duro al trabajo nos premiamos yendo al avistamiento de ballenas, otro de mis sueños hecho realidad (literalmente) porque siempre he sentido una fuerte conexión con ellas y varias veces se me han aparecido en los sueños. Vimos muchísimas ballenas y un gran grupo de delfines acompañó nuestra lancha durante un buen rato, realmente nos sentimos muy privilegiados.










El paseo también incluía una media hora de snorkel y Gus no se la pensó dos veces y se tiró al agua.
Y Nehuén quiso ir a acompañar a su papá.
También nos dimos el gusto de ir no una sino tres veces a las playas virgenenes de "Los Frailes". Las mejores playas de Ecuador en nuestra opinión por su ambiente tan natural, rodeadas por un inmenso bosque de Palo Santo.













El último día en Puerto López nos encontramos con una pareja que habíamos conocido en Bolivia, y a quienes llamaremos M & M, ellos ahora tienen un niño de un año de edad. No era casualidad el encuentro pues habíamos estado intercambiando mensajes desde que arrancaron su viaje poco antes de encontrarnos. Los subimos como aquella vez en Bolivia a la kombi y nos fuimos con ellos primero a Manta y luego a Canoa. A mi me gusta mucho la idea de vivir en comunidad y de compartir lo poco que tenemos, de abrir las puertas de nuestra casita rodante y hacer lugar para uno más, o tres tal vez, así como lo hace tanta gente con nosotros. Con Gus nos complementamos porque si yo soy pura fe, el tiene un sano y necesario escepticismo, pero yo quise de todos modos hacer el intento. En Canoa ya nos esperaba nuestro amigo caricaturista Gonza en el lugar del camping gratuito, que esta vez era excelente porque eran unas cabañitas que no estaban en funcionamiento a un extremo de la playa con palmeritas y todo. Nosotros estacionábamos a unos metros y M & M y su niño armaron campamento bajo el techo de una de estas cabañitas. Resultaba reconfortante ir encontrando a Gonza en cada parada, compartir sus deliciosos mates correntinos cada noche después del día de parche en la fogata, sumados a excelentes conversaciones plagadas de risotadas. También era bonito vernos acompañados por los chicos, y al principio parecía estar todo bien, pero pronto nos dimos cuenta de que el experimento de convivencia con ellos no estaba resultando. Me vi cocinando durante dos semanas casi a diario no sólo para mi familia sino para las dos, Gus lavando casi siempre los platos que todos ensuciábamos y la verdad era que ellos en general no tenían mucha iniciativa de ayuda. Yo tenía que recolectar los juguetes de mis niños desparramados por todo el camping por el pequeño hijo de M & M y así nos dimos cuenta de que en vez de tener menos trabajo al ser mas manos, teníamos el doble de trabajo por tener que casi siempre hacerles las cosas a ellos. El día en que Gus tuvo que lavar los platos y cubiertos con los que ellos habían hecho unos panquequitos para vender el día anterior, además de las cosas del desayuno de todos y yo ordenaba la kombi a la vez que me ocupaba de Antú, mientras ellos tomaban sol y hacían playa dije basta y fui a hablarles para pedirles mas ayuda, tratando de ser diplomática. Para mi sorpresa reaccionaron ofendidos y a la defensiva, primero negando que habían dejado las cosas sucias, luego admitiéndolo pero presentando excusas y encima burlándose de nuestro método de lavar platos ahorrando agua. Me pareció una tremenda falta de respeto, y se los dije, y en ese momento Gus y yo decidimos que hasta ahí llegábamos con ellos, todo bien si nos encontrábamos pero en la kombi no más. Los siguientes días fueron extraños, yo me sentía usada pero no me dieron ganas de buscar hablarles, por su reacción anterior. Lo cierto es que sí nos usaron, y bastante. Acabaron con nuestras reservas en la despensa y cuando nosotros poníamos todo no nos daban nada pero cuando ellos lo hacían nos cobraban. Se tomaron nuestra yerba mate sin siquiera compartirla con nosotros, y después nos enteramos que tenían la de ellos bien guardada! Nos manguearon todo lo que pudieron, desde ropa y comida hasta gasas e incluso materiales de trabajo nuestros aduciendo supuestos trueques y devoluciones que jamás sucedieron. Fue una mala experiencia pero yo sigo creyendo en la vida en comunidad, solo que no se puede dar con cualquiera, no con personas desconsideradas. En el fondo creemos que ellos sólo querían aprovechar los beneficios que la kombi trae consigo para viajar, pero que no tenían ningún interés en establecer una verdadera amistad con nosotros. Igual ya nada de eso importa pues el episodio quedó atrás, ellos se dieron la vuelta para regresarse a su país, pues a pesar de que se presentaban ante todos como "viajeros", lo cierto es que habían arrancado a viajar recién hace dos meses y no parecían muy adaptados al viaje. Mejor para todos.
De todos modos la estadía en Canoa fue provechosa y larga (un mes), y pudimos conocer a mucha gente linda en este lugar, especialmente a Cata y Martin cuyo hijo Nogal se hizo buen amigo de Nehuén. Ellos nos invitaron a la casita que hace poco se habían comenzado a construir en el campo a unos 10 minutos en auto desde la playa, y ahí nos quedamos varios días compartiendo y disfrutando.
A estas alturas ya estábamos plenamente convencidos de querer seguir viajando, sobretodo por todo el grupo de viajeros que se había formado y que veníamos encontrando en cada parada. De Canoa fuimos al minúsculo pueblito Mompiche donde estuvimos solamente dos noches, y donde, a pesar del clima nublado, disfrutamos de la playa de la isla Portete.





Ya estábamos llegando al límite de las costas ecuatorianas cuando llegamos al balneario Súa cerca de Atacames, para pasar la noche. Al día siguiente pasamos el día en la playa de Atacames y por la tarde nos fuimos a la ciudad de Esmeraldas, que sería nuestra última parada en la costa antes de volver a subir las montañas en dirección Quito. Pero en Esmeraldas no llegamos hasta la costa porque repentinamente y en medio de una avenida el embrague de la kombi murió. Por suerte fue justo frente a un taller mecánico que nos dio un feo diagnóstico: el problema no era del cable sino del mismo embrague y para llegar a él no había otra que bajar todo el motor. Bajón! Por suerte también pasó justo adelante de un garaje, donde metimos a la kombi a empujones para pasar la noche y llevarla al día siguiente a primera hora remolcados por un taxi (con el que ya habíamos acordado previamente) a un mecánico especializado en Vw's. Dicho taxi al día siguiente no apareció y llevar la kombi hasta el mecánico se convirtió en una odisea una vez mas siendo remolcados un trecho por un buen samaritano que se apiadó de nuestra situación. Luego de bajar el motor el mecánico dió su diagnóstico y según él no había otra que cambiar el disco de embrague entero además de otros accesorios, lo cual nos dolió en el alma. Había que pedir los repuestos a Quito que llegaban al día siguiente, y el presupuesto se nos fue al carajo una vez más de golpe e inesperadamente. Hicimos de tripas corazón y nos fuimos a un hotelito de mala muerte a pasar la noche para al día siguiente darle duro a la labor en el taller. En todo momento Gus le explicó al mecánico que no contamos con mucho dinero y se ofreció como su ayudante para que lo tome en cuenta y no nos mate al cobrarnos por la mano de obra. Horas mas tarde con el nuevo embrague puesto y el motor arriba, al hacer la prueba el embrague seguía igual que antes, es decir muerto. Qué pasaba? A regañadientes el mecánico se puso a bajar el motor de nuevo y descubrió el verdadero problema: una manijita que empuja al embrague desde atrás (o algo así) se había quebrado y la solución fue simplemente soldarlo. Es decir, nos había hecho gastar 200 dólares por las puras! Cuando le reclamamos él nos seguía insistiendo que nuestro embrague no daba para más pero no le creímos. Vuelta a subir el motor, horas mas tarde estábamos listos para irnos. El verdadero shock llegó cuando le preguntamos cuánto le debíamos. 80 dólares quería cobrarnos por hacer un mal diagnóstico, hacernos perder tiempo y plata, y tener a Gus como ayudante aliviándole el trabajo! Después de un largo rato de reclamos que terminó inevitablemente en mandarnos mutuamente a la miercóles, le terminamos pagando la mitad porque realmente nos parecía lo justo y arrancamos para dejar Esmeraldas finalmente atrás con destino al pueblo de Mindo, otra vez arriba de las montañas.
Mindo es mundialmente conocido por albergar una gran cantidad de aves en sus bosques y hordas de "Birdwatchers" u Observadores de Aves vienen de todas partes en busca de cuanta ave exótica puedan captar sus binoculares y cámaras de fotos. El lugar es muy hermoso y nos hizo recordar mucho a Vilcabamba. Conocimos a un grupo de chicas viajeras y artesanas que habían coincidido todas allí en ese momento, y la verdad yo disfruté a mil el estar rodeada de tanta energía femenina, compartiendo historias y perspectivas interesantes sobre la vida. Una de ellas, Silvana, tenía alquilada una casita y nos dio una gran mano al dejarnos usarla como si fuera nuestra para bañarnos, cocinar y pasar el rato bien acompañados en su salita de estar, todas las noches después del parche. Nos quedamos dos semanas en Mindo recuperándonos de lo que nos había hecho gastar el mecánico de Esmeraldas, y ya se nos venía acercando la fecha de vencimiento de nuestras visas y del permiso de la kombi. Hicimos una caminata de visita a las cascadas, en donde te cruzan con un carrito que va volando por 500 mts sobre las copas de los árboles, al que llaman "tarabita". También tuvimos la suerte de conocer un día a Carlos e Ivonne, un matrimonio argentino-ecuatoriano, que también tiene una kombi Westaflia y muy amablemente nos ofrecieron su casa para cuando llegáramos a Quito.
















Elma, una chica argentina también viajera y artesana, y con un gran talento para la pintura, hizo otro dibujo en la kombi, dejándola cada vez más linda.



Luego de estas dos semanas emprendimos camino hacia Quito. Durante todo el trayecto hasta Mindo la kombi no había presentado problemas, salvo por el incidente del embrague en Esmeraldas. Camino a Canoa había sido notoria su pérdida de fuerza, pero allí Gus se encargó de regularle las válvulas, limpiar las bujías, chequear los platinos y aparentemente había quedado mejor. Gus me hablaba de un ruidito extraño que hacía, pero ni al mecánico de Cuenca ni al de Esmeraldas les había parecido algo de importancia. En Mindo, cuando fuimos al paseo de la tarabita, la kombi casi no pudo lograr la subida y los chicos con los que fuimos y yo, tuvimos que bajarnos y hacer el resto del camino a pie para que lograra trepar. Algo no estaba del todo bien. Sin embargo días mas tarde cuando salíamos de Mindo logramos hacer la empinada subida de la salida y la trepada hasta la mitad del mundo sin problemas. De todos modos sabíamos que teníamos que darle al motor un merecido chequeo.
Antes de llegar a Quito hicimos la parada obligatoria en el monumento de la Mitad del Mundo
Antú no quería saber nada con tomarse fotos en monumentos, él sólo quería gatear
Seguimos camino hacia Quito, en donde nos fuimos directamente a un menú a comer un almuerzo tardío y luego llamar a Carlos para que nos diera las indicaciones de como llegar a su casa. Pero no avanzamos mucho porque en una empinada subida la kombi no quiso saber mas y no pudo trepar. En plena avenida, y con el tráfico de la ciudad bajamos en retroceso para tomar impulso tres veces, pero no hubo caso, llegando casi a la cima la kombi terminaba siempre parada. Qué hacer? No tenemos celular así que era imposible comunicarnos con Carlos. Entonces Gus comenzó a parar a los autos para que nos presten una llamada, y así poder avisar a nuestro amigo lo que estaba pasando. En medio de esto una vez mas un alma caritativa y con una enorme camioneta, salió a nuestro rescate y nos remolcó hasta la parte mas alta, justo donde Carlos nos vino a dar el encuentro. Para este entonces ya era de noche y yo agradecía el que hayamos comido antes, pues todo este episodio con la panza vacía habría sido definitivamente mas estresante. En todo momento yo pensaba que no debía ser algo tan grave, que seguro sería la puesta a punto, o la regulada de válvulas o alguna de esas cosas simples de solucionar. Llegamos a la casa de Carlos, Ivonne y su hija Ana Julia, cansados pero contentos de tan cariñoso recibimiento. Ellos nos acolitaron, como dicen por acá, de tal manera que no pudimos sino sentirnos como en casa, cómodos y relajados. Al día siguiente Gus fue con Carlos al taller de un mecánico especialista en Vw's, pero tuvo que ser remolcado una vez mas porque la kombi no tenía fuerza alguna para seguir. Una vez allá, el mecánico no le pintó un buen panorama a Gus e hizo que el mundo se nos viniera abajo: había un problema en el centro del motor, por lo tanto había que desarmarlo completamente y cabía la posibilidad de que se hayan visto afectadas muchas partes de éste. Sí, motor fundido como en El Calafate. Cuando Gus vino con la noticia no lo podía creer, todo el tiempo pensé que sería imposible volver a fundir el motor con todos los cuidados que le estábamos dando, pero aparentemente ese ruidito extraño que venía oyendo Gus era el árbol de levas, una pieza fundamental en el interior del motor, que se había desgastado. Cuando esta parte se rompe parece que las partículas de metal ingresan en el aceite que circula por todo el motor, dañando y raspando otras partes del mismo. Una pesadilla! Y lo peor de todo, totalmente inesperada. De todas formas faltaba abrir por completo el motor para dar el veredicto final pero nuestra tensión provenía no solamente porque no contamos con tremenda cantidad de dinero, sino también porque solo nos quedaban cuatro días para salir del país sin meternos en problemas con la aduana por el vencimiento del permiso de la camioneta. Felizmente Carlos e Ivonne son nuestros ángeles de la guarda y nos dieron su apoyo en todo momento, y el mecánico resultó ser aún mas fiera que el de Cuenca pues su única motivación es ayudarnos a poder seguir viaje y no nos va a cobrar la mano de obra. Incluso se ofreció a pagar los repuestos para los que no nos alcanzara con su tarjeta de crédito, y que cuando podamos le pagábamos. Por suerte no ha sido necesario endeudarnos tanto con este benévolo ser y podemos correr con los gastos porque al final resultó que gracias a Dios el problema no fue todo lo grave que aparentaba ser y que lo único roto fue este bendito árbol de levas, pero de todos modos nuestra economía se ha visto nuevamente por los suelos. Nuestros nervios radican ahora en que estamos a punto de entrar a un nuevo país, Colombia, en donde todos nos dicen es muy duro subsistir con la artesanía, en donde la gasolina cuesta el triple que en Ecuador, los peajes son abundantes y caros, y en donde de entrada tendremos que pagar casi 90 dólares por un seguro para la camionera válido por apenas tres meses dentro del territorio. En Ecuador por el mismo tiempo nos costó 5 dólares... un poco desequilibrado, no? Lo que nos mantiene con fe es que todos también hablan de la calidad y solidaridad de su gente, y que a lo largo de este trayecto hemos logrado diversificarnos con otras herramientas de trabajo como la comida, la construcción y el desempeño de toda clase de labores, todo sea para poder seguir camino al norte pues volvernos derrotados a Perú para vender la camioneta en este momento no es siquiera una opción. También nos pusimos las pilas y mandamos a imprimir unas lindas postales de nuestro viaje que pensamos vender en los peajes y gasolineras, para poder avanzar en nuestro camino. Si alguien lee esto por favor deséenos suerte!
Y es así que llegamos al día de hoy con este relato, con el motor aún hecho pedazos y por terminar de armar, y en cuenta regresiva para nuestra salida del país, a mas tardar pasado mañana. Si Dios quiere y todo sale bien PROXIMA ESTACION COLOMBIA !
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