sábado, 21 de mayo de 2011

Logramos volver a Buenos Aires



Nos tomó casi tres meses bajar de Buenos Aires hasta la puntita del país. El regreso fue todo lo contrario. Una vez que el motor fue puesto definitivamente en marcha por el entrañable mecánico Polo, dos semanas después de nuestro fallido intento de fuga de Río Gallegos, salimos volando sin mirar atrás y parando solamente para ir al baño, comer, dormir, y ponerle gasolina (nafta) a la kombi. Por suerte el único contratiempo que tuvimos fue que por una serie de protestas y paros que desde hace tiempo vienen haciendo los trabajadores de YPF en todo el país, en Comodoro Rivadavia, casi a mitad de camino, nos tomó más de tres horas lograr llenar el tanque luego de recorrer todas las estaciones de servicio a las que ya no les quedaba más gasolina, y encontrar la última que quedaba cargando con una cola de autos de cinco cuadras. No teníamos ganas de quedarnos más tiempo de lo estrictamente necesario en una ciudad tan fea como esa, pero hasta que no estuvimos con el surtidor enchufado, dudamos de llegar a tiempo y nos imaginábamos después de toda la espera siendo rebotados porque se había agotado todo lo que quedaba. Hasta ahora no entiendo muy bien porqué todos estaban tan desesperados por llenar sus tanques si al día siguiente era domingo y en una ciudad relativamente pequeña tampoco es una tragedia no tener el auto por uno o dos días, pero bueno, sus razones tendrían. Fue así que seis días después de salir de "Vientolandia", como Gus apodó a Río Gallegos, y haciendo en promedio 400km diarios (como 8 horas de manejo para nuestra tortuguita) llegamos exhaustos, hambrientos, y bastante sucios, a la casa en la que Gus creció y donde nadie esperaba vernos llegar tan rápido.

Ahora que lo pienso fue bastante estúpido exigirle tanto a un motor que recién se estaba asentando, luego de tan crítica operación. Pero gracias a dios La Verdolaga se portó como la guerrera que es y ahora sí confío en que ha quedado como nueva. A Polo lo tenemos parado en un pedestal, para nosotros es un genio (a pesar de su mal genio) ya que sin él no sé qué hubiera sido de nuestra casita rodante. Antes de tener la kombi tenía la absurda idea de que estos motores eran simples de arreglar. Tal vez porque relaciono equivocadamente lo antiguo con la simpleza y lo nuevo y tecnológico con la complicación. Pero lo cierto es que estos vehículos requieren de personas muy conocedoras y especializadas para poder arreglarlos bien. La experiencia lo es todo al reconstruir un motor de estos, sacar de oído el problema que tiene, encontrarle la vuelta a una pieza gastada, ajustar cada tuerca. Gus estuvo permanentemente en el proceso y lo bueno es que pudo aprender muchas cosas, al menos como para poder identificar mejor los problemas futuros que podríamos tener.





Mientras tanto, Bebé ha comenzado a darme sus pataditas dulces y la forma de mi cuerpo ha vuelto a ser redonda y llenita. Me pregunto quién será este ser que ahora habita en mi, se nutre de mi, y al que amo y cuido tanto sin siquiera conocer. A su hermano mayor lo veo también listo para serlo. No exagero cuando digo que lo veo responsable, cuidadoso y generoso a pesar de su corta edad. Eso me da confianza de que va a ser un buen hermano y que los celos, aunque naturales, no van a ser los sentimientos que predominen en él.

Buenos Aires esta vez lo vi con otros ojos, probablemente porque esta vez no vinimos luego de estar ni en playas tropicales, ni de perdernos por las montañas, sino después de una tediosa espera en lugares fríos y con poco qué hacer. Lo cual confirma que todo es cuestión de percepción en esta vida, o como dijo A. Einstein, relativo. Así que he decidido esta vez disfrutar totalmente de ella, así sea una ciudad. Porque, y eso siempre lo supe, para ser ciudad, es de las mejores que conozco (lo siento Lima, pero acá no estoy a punto de ser atropellada 35 veces cuando voy con mi hijo al parque y cuando llego, encuentro mamás, abuelos y tíos cuidando de los niños y no celosas niñeras de uniforme blanco).

No sabemos cuánto nos quedaremos. No sabemos dónde nacerá Bebé. Sabemos hacia donde queremos ir, pero no sabemos cuándo. Tratamos de no hacer planes por ahora, al menos mientras nuestro plan sea juntar dinero para poder decidir. Y porque ya hemos aprendido que los planes a largo plazo están constantemente sujetos a cambios.

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