Teníamos varias cosas por solucionar, la más importante era conseguir una garrafa de gas para la cocina de la combi, ya que la que traíamos desde Perú se había quedado vacía y no podíamos rellenarla porque los sistemas para hacerlo son tan distintos de país en país como si de planetas diferentes se tratase. Simplemente es imposible. Y como los asuntos de comer y dormir en Argentina son especialmente costosos, no tener donde cocinar nos podía llevar seriamente a la quiebra.
Caminando encontramos los puestos de la feria artesanal de los sábados. Nuestro deseo era huir de la ciudad después de trabajar en la feria el fin de semana, pero las ventas fueron sorprendentemente pobres y apenas nos alcanzó para comprar y llenar una garrafa de segunda mano que un gasista caído del cielo nos ofreció. Con el asunto de la cocina solucionado nos relajamos e hicimos la idea de que probablemente tendríamos que estirar nuestra estadía en Salta hasta pasado el otro fin de semana. Les digo que no es lindo dormir en una ciudad en la combi, y la experiencia bordea la indigencia. Sin embargo para mi toda experiencia es digna de ser vivida para crecer como persona. Mientras tanto, nos veníamos enterando por las personas con las que conversábamos que se venía una cosa, aparentemente muy grande y multitudinaria llamada "La fiesta del Milagro". Todo Salta está de vacaciones esa semana y nos entusiasmamos pensando en lo mucho que seguramente venderíamos, y que tal vez nos podríamos ir antes de lo que pensábamos.
La fiesta comenzó un miércoles y sí que era multitudinaria. Se trata de una supuesta virgen que parece una enorme muñeca de porcelana que la gente venera porque supuestamente hace milagros, como todas. Solo que la ciudad era un caos absoluto, la gente no quería comprarse ni media artesanía y las calles estallaban de fervor católico con cruces, rosarios, estampitas y libritos de rezo por todas partes. Para nosotros, una tortura absoluta. La misa era transmitida por altoparlantes y el "por mi culpa, por mi culpa, por mi grandísima culpa" taladrándonos el cerebro. El punto culmine fue el viernes con todas las calles cortadas para esperar a miles de peregrinos que venían caminando en agradecimiento a la virgen por sus milagros desde lugares que quedaban a kilómetros de distancia, y el fin de la fiesta con fuegos artificiales y jolgorio. La verdad que no entendí nada, y creo que los mismos seguidores de esta fe no entienden nada de lo que les están inculcando, cuando por un lado dice en la Biblia, el libro que ellos supuestamente siguen, que no hay que venerar imágenes, y por otro lado uno ve que es todo lo que hacen. Además, quienes son todas estas vírgenes de diferente nombre y apariencia, no era una sola la madre de Jesús? Y me resulta en extremo sospechoso que todo pueblo y ciudad tenga una virgen que conceda milagros. No será que nosotros mismos, los seres humanos, somos capaces de realizar todos nuestros propósitos si los perseguimos con las suficientes ganas? Curarnos, viajar, conseguir un trabajo, un amor, hijos... No será que esta iglesia se aprovecha de esto para autocelebrarse y adjudicarse esta increíble capacidad innata que todos tenemos?
Ese fin de semana nos fue mucho mejor en la feria y el lunes pudimos dejar al fin a Salta "la linda" atrás. Porque es cierto que Dios provee, y lo hace siempre, nosotros lo vivimos en carne propia sin pertenecer a ninguna religión. Habíamos conocido unos días antes a dos chicas y un chico que viajaban juntos y que iban ese mismo día en la misma dirección que nosotros: hacia la Garganta del Diablo, un lugar muy turístico en la quebrada de Cafayate donde lo más importante era llevar agua y comida, porque no había nada. Acordamos ir juntos y compartir los gastos, y lo pasamos de lujo compartiendo como si nos conociéramos de toda la vida.
La Garganta del Diablo es una increíble formación rocosa erosionada desde tiempos prehistóricos por el agua y el viento. A pocos kilómetros queda el Anfiteatro, otra formación gigante que inspira enorme respeto y como su nombre lo implica, con una acústica alucinante. En esa zona hace mas de veinte años se vinieron a instalar artesanos que rápidamente notaron el enorme flujo turístico, y exponen sus trabajos en estos dos lugares. Ahora la mayoría trabaja con sus hijos ya grandes, que orgullosamente indican que son "nacidos y criados" en este lugar. Hay cierto recelo hacia los viajeros que llegan de paso porque evidentemente no quieren que nadie mas se quiera quedar en el lugar a vivir. Nos dieron dos días para exponer en la garganta y dos para el anfiteatro, más que suficiente para nosotros. El territorialismo se extiende además a un grupo de descendientes de indígenas calchaquíes, suris y diaguitas que viven en permanente roce con los primeros por considerarse "dueños" de estas tierras y los únicos con el legítimo derecho de vender artesanía en el lugar. Conviven en una especie de indiferencia hostil que expresan con miradas matadoras dirigidas especialmente a los que están de paso, aclarando siempre que no te puedes quedar más de dos días. Nosotros nos lo pasamos felices, riéndonos de todo esto, y cuando llegaban las dos de la tarde todos los vendedores ya se había ido para ocuparse de sus asuntos cotidianos y el lugar quedaba sólo para nosotros.
Después de cinco noches en la quebrada nuestras reservas de agua y alimento se habían agotado y nos fuimos a Cafayate, intentando antes parchar sin éxito en el mirador porque los calchaquíes nos echaron, y nos metimos en una pelea bastante chistosa en la que nuestro amigo Gian, sacó sus machetes para hacer malabares amenazando con descuartizarlos a todos.
Cafayate es lindo y tranquilo, y ya teníamos unas amigas que estaban a cargo de un hostel esperándonos. Al día siguiente fuimos a trabajar a la feria del pueblo, donde se nos acercó un hombre mayor y de apariencia amable que quería conocernos por la combi porque él también tiene una. Luego de un rato de conversación, nos comentó que tiene una casita en un lugar muy lindo que él mismo construyó y que si no queríamos ir a conocerla y quedarnos unos días. Quedamos para el día siguiente, cuando nos despedimos de nuestros nuevos amigos que también seguían su camino y volvimos por la alucinante ruta de la quebrada de las conchas.
La casa de Pedro es hasta ahora el lugar más mágico y en armonía que hemos conocido. Nos contó que caminó durante tres años hasta que encontró una vertiente de agua cristalina y decidió quedarse en este lugar. Él mismo se encargó de limpiar el terreno y durmió durante dos años dentro de la combi abajo de un milenario Algarrobo. Es el único habitante, a ocho kilómetros de la ruta. Se siente el amor y el cuidado con el que Pedro preparó este lugar. Se siente en el permanente contacto con la naturaleza y la invaluable soledad que raramente se puede experimentar. Sin embargo la paz de Pedro se vio perturbada cuando en tres oportunidades un grupo de calchaquíes lo fue a confrontar para que deje el lugar, argumentando que estas eran sus tierras y que ningún blanco podía instalarse aquí. No sirvió de nada que él intentase explicarles que él no se estaba adueñando de ningún territorio, que sólo estaba ocupando un espacio vital por el tiempo que la vida lo permitiese. Los neo indígenas aparentemente creen en la propiedad privada y sin ninguna justificación lo amedrentaron hasta que decidió alquilarse una casita en Cafayate para descomprimir la situación.
Después de mates, una hermosa conversación y algunas indicaciones sobre la casa, Pedro nos dejó solos para disfrutarla. Pasamos en total una inolvidable semana en la casita disfrutando del placer de tener todo lo que precisábamos y vivir como algún día, después de nuestros viajes, lo queremos hacer. En la naturaleza, en una casita construida con nuestras propias manos e independientes al sistema que ha esclavizado a toda nuestra especie. Por las mañanas y por las tardes nos visitaba una familia de zorritos, viejos conocidos de Pedro, para comer un poco de alimento balanceado. Por la noche prendíamos el fogón y encendíamos el "sol de noche", una lámpara a kerosene que nos iluminaba casi como un foco de 60 watts. Nos bañábamos con agua caliente gracias a un calefón a leña, y dormíamos con el silencio de las noches estrelladas.
La magia se quebró cuando nos percatamos que a nuestra querida combi se le había atrofiado el lugar donde se mete la llave y hace contacto, un aparatito cuyo nombre yo desconocía hasta entonces: el tambor. Después de renegar, decirnos "de todos los lugares posibles, justo aquí, donde no hay NADIE, nos tuvo que pasar esto??" decidimos ir por ayuda y de paso renovar nuestras provisiones a Cafayate. Volvimos con Pedro y con suficiente comida como para una semana y él nos enseñó a prender la combi con los cables y nos cargó la batería que además se había descargado. Gus dejó la combi un poco más arriba para tener una bajada y poder encenderla en caso se volviera a descargar, y al día siguiente después de almorzar juntos, Pedro se despidió de nosotros deseándonos buena suerte.
Habíamos decidido quedarnos unos días más disfrutando y luego volver a la quebrada para trabajar porque ya nos habíamos gastado buena parte de la plata en ponerle gasolina a la combi de Pedro, comprar gasolina para nuestra combi y en los víveres. El día de nuestra partida parecía que el lugar no nos quería soltar. A la hora de empujar la combi en la corta bajada, no entró el cambio y no la pudimos encender. Despues de varios intentos nos dimos cuenta que empujarla de regreso era imposible. No sabíamos qué hacer, y comenzamos a desesperar. Luego, la calma y a pensar. Gus entonces tuvo un recuerdo de Pedro mencionando que una vez se quedó sin batería y tuvo que subir sólo la combi a la subidita con un artefacto cuya existencia yo también desconocía llamado malacate. Es como una manija que enrolla una especie de soga que se ata al objeto que quieres trasladar (no tengo mejor manera de describirlo). Buscamos el bendito malacate desenfrenadamente hasta que lo encontramos colgado de una rama del algarrobo. Tardamos mas de dos horas en una operación que parecía salida de Misión Imposible en versión rústica para subir la combi unos cinco metros, poder empujarla y arrancar, cosa que gracias al Universo, hizo. Nos despedimos y salimos volando del lugar aprovechando que efectivamente habíamos logrado arrancar.
Estuvimos dos días trabajando en la garganta que por suerte fueron suficientes para juntar más de lo que nos habíamos propuesto porque la gente ya se estaba poniendo verdaderamente antipática porque no les gustó que hayamos vuelto. Para ese entonces ya estábamos listos de tener un poco de contacto con la civilización y volvimos al hostel donde estaban nuestras amigas. Para nuestra mala suerte otra virgen se nos cruzó en nuestro camino: ese era el día de la virgen de Cafayate y el pueblo estaba completamente revuelto. Lo mas loco es que la caravana de la virgen estaba parada en la calle del hostel y la mismísima virgen en la puerta y para nuestra consternación vimos que las camionetas que conformaban la caravana todas tenían publicidades de hoteles, vinos, agencias de turismo, tractores y cuanta cosa haya para vender y me sentí asqueada. En este mundo hasta lo espiritual se ha convertido en un producto.
Dos días después salimos hacia Tafí del Valle que ya queda en la provincia de Tucumán, a unas tres horas de Cafayate. En Tafí el clima es completamente diferente, hace mucho frío porque queda más alto y es húmedo. Llegando me llamó mucho la atención la cantidad de mansiones que había por todas partes. Tafí es el lugar de descanso de los "chetos" de Tucumán. Tuvimos suerte porque era el fin de semana largo y pudimos trabajar bien. Nos encontramos con una pareja de artesanos que habíamos conocido hace un año y medio en Cafayate y nos invitaron a su casita, también hecha por ellos mismos y de barro. La verdad es que desde que entramos a Argentina no hemos parado de conocer gente increíble y con una visión de la vida parecida a la nuestra. Eso me hace sentir que vamos por el buen camino, a pesar de que el mundo a nuestro alrededor se está desmoronando. Creo que estamos haciendo lo correcto al dar un paso al costado en esta carrera sin frenos que vive nuestra "civilización". Para ese entonces, ya se acercaba mi fecha en Migraciones que pude cambiar para el 22 de Octubre y no pudimos quedarnos todo el tiempo que nos hubiera gustado. Partimos después del fin de semana en dirección a Córdoba, una provincia por la que sentía mucha curiosidad especialmente porque me encanta la tonada que tienen los cordobeses al hablar.
1 comentario:
q bueno lo q vivieron!!...eso es vida!!...y pensamos igual en casi todos los aspectos!!...gracias x contar la historia!...gusty, muy bueno, como ya sabemos, "viajar"!...sol, nehuen y gusty!, nos vemos cuando bajen!!!..abrazo y despues sigo leyendo el resto!
nico
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