martes, 1 de diciembre de 2009

cuando viajamos





nos gusta hacerlo sin fecha de llegada y sin retorno. avanzando el camino teniendo sólo como destino el siguiente pueblo en el mapa. por tierra, siempre. para así no perdernos de ningún detalle en las transiciones. en micro, camión, lanchita, en barco, a pie... conocer los pueblos y su gente, la comida, los mercados.

cuando viajamos nos gusta movemos con poco dinero y contar sólo con lo que cabe en nuestras mochilas. y cuando la mochila comienza a pesar demasiado qué bien se siente botar lo superfluo y poseer cada vez menos y ser al hacerlo cada vez más ricos. cuando viajamos no dormimos en hoteles, sino en una carpa bajo noches estrelladas y con el sonido del mar de fondo, o de los bichitos de la selva.

y cuando necesitamos ayuda siempre aparece alguien como enviado del cielo dispuesto sin que se lo tengamos que pedir a darnos una mano: invitarnos a su casa a dormir, prestarnos su fuego para cocinar, regalarnos un plato de comida... lo que más amo de viajar y de moverme por los pueblos es la posibilidad de ver el lado bueno del ser humano, el compartir genuino que para la gente humilde es algo tan natural como para nosotros en las ciudades la desconfianza hacia el extraño. compartir el día a día, el lento pasar del tiempo y el paisaje de la naturaleza que siempre está por donde nos gusta movernos. con sus bichitos, aromas, brisas y colores.

por eso huimos de las ciudades y de su delincuencia, su contaminación y consumismo desmedido. son lugares de paso y aprovisionamiento..

ahora estamos en la aventura de ser papás y por eso nos quedaremos un tiempo bien quietitos. hasta que nuestro pequeño compañero de viaje esté listo para la ruta hasta méxico, como siempre, por tierra.

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