miércoles, 11 de agosto de 2010

De Cochabamba a Villa Montes, pasando por la ruta de Ernesto.



Siempre que llegamos a una ciudad pensamos lo mismo: "hagámos lo posible por salir pronto de aquí". Cochabamba no fue la excepción a pesar de que fue un cambio para mejor comparado con la caótica y hostil La Paz. Apenas vimos el parche nos dieron ganas de salir corriendo: en la vereda, plena avenida principal frente a la heladería Dumbo, aparentemente la heladería mas popular de la ciudad. Nos veíamos respirando el smog de todas las combis el día entero durante quién sabe cuánto tiempo hasta juntar la plata para llegar a Santa Cruz, a unos 500 km de distancia. Sin mas remedio armamos el parche y yo me fui con Nehuén a la plaza principal para alejarlo de los tubos de escape. La plaza principal de Cochabamba es hermosa, grande, con muchos arboles y decenas de palomas que Nehuén se dedicó a perseguir y hostigar todas las tardes que duró nuestra estadía.










Ese primer día, cuando volvimos al parche a ver a Gus, me recibió con una gran sonrisa: ya teníamos la plata que necesitábamos para irnos, desde que me fui no había parado vender. Una vez más la magia estuvo de nuestro lado y hasta que nos fuimos a descansar, seguimos vendiendo. Llegando al auto nos dimos con la sorpresa de que la ventana del asiento del copiloto estaba totalmente baja. Gus me dice inmediatamente "Sol, eres terrible!" Quien me conoce, sabe lo inmensamente distraída que puedo ser. Nehuén había bajado el vidrio en un momento en que fuimos los dos a buscar algo a la combi. Y yo me fui sin cerciorarme de que todo estuviera cerrado. Gracias al universo nadie había tocado nada y probablemente nadie notó que la combi había estado abierta durante horas. Definitivamente ese día fue nuestro día de suerte.

Cuando vimos lo bien que se trabaja en Cochabamba, nos dieron ganas de quedarnos más días. Llegamos un lunes y nuestra estadía se prolongó hasta el jueves. Dormimos todas las noches estacionados frente a la Universidad Nacional de San Simon que tiene varias facultades frente a un gran parque. La universidad tiene la facultad de ciencias políticas y deben ser sus estudiantes los que llenan la ciudad de pintas y grafittis con frases cargadas de la ideología socialista y comunista. Es una ciudad con una fuerte movida cultural y mucho orgullo nacional. Por las noches, en muchas esquinas y plazas se pueden ver a grupos de jóvenes practicando danzas típicas. En la plaza central se arman los debates religiosos y políticos que cuentan con gran público, y uno que otro espectáculo callejero como títeres que bailan al son de Santana, cómicos ambulantes y pintores creando sus cuadros en vivo y en directo.

En los días de parche nos fuimos enterando de que había otro lugar entre Cochabamba y Santa Cruz que es lindo para conocer: el gran Chapare. Y hacia allá nos dirigimos completamente satisfechos de nuestra estadía en Cochabamba. Después de varias horas bajando las montañas y pasando por trechos de neblina muy densa, el medioambiente había cambiado por completo: nos encontramos rodeados de verde vegetación y traspirando por el calor y la humedad. Fue una sensación muy extraña después de tanto tiempo en la sierra cambiar tan radicalmente de clima y altitud. En sólo tres horas habíamos pasado de estar a 2500 msnm a tan solo 300.

Llegando al pueblo comenzamos a investigar cual sería el mejor lugar para trabajar. La plaza no se veía muy concurrida, las calles tampoco. Nos contaron que había un parque de monos que recibe muchos visitantes, el parque Machia, así que al día siguiente nos fuimos para allá. Este parque es una maravilla. Alberga cientos de monos rescatados del cautiverio, dándoles la oportunidad de reencontrarse con la libertad que les fue robada. Dormimos todas las noches en el estacionamiento del parque con el ruido de fondo de la selva tropical que hace tanto tiempo no escuchábamos. Yo recien pude disfrutar realmente de la estadía al tercer día cuando se me pasó un poco el resfrío que me traje de recuerdo de Cochabamba. Ese día fuimos a hacer la caminata por el parque e interactuar con los monos. Ëstos se trepan encima de las personas y les meten las manos en los bolsillos en busca de comida. Nehuén estaba estupefacto. Para él los monos eran algo de los cuentos y la televisión y ahora estaban frente a él comiendo bananas y trepándose encima de su padre. Esto último no le causaba ninguna gracia y cuando el mono estaba muy cerca decía "no, no, no!". La catástrofe ocurrió cuando a Gus, de puro amistoso que es, se le vino la mala idea de estrecharle la mano a un mono capuchino para saludarlo. En una milésima de seguno el mono tomó el dedo de Gus entre sus manos y como si fuera una zanahoria le metió una mordida. Gus gritó "Hijo de P***!!!" pero el mono, impávido, se puso a seguirlo como para morderlo otra vez. Y hasta el día de hoy, cuando le pregunto a Nehuén por el mono, este se muerde el dedo y señala a su papá. Total que en los días siguientes el dedo se hinchó, se había infectado. Esto obligó a Gus a tomar diariamente antibióticos e ibuprofenos y gracias a tan radical tratamiento el dedo ya está mejor, pero la anécdota de que un mono le mordió el dedo quedará por siempre.




















El siguiente destino fue Santa Cruz, una ciudad que en muchos sentidos es todo lo opuesto a La Paz. Debe ser por eso que algunos proponen Cochabamba como capital del país, por ser algo así como un intermedio entre estas dos ciudades. Si en La Paz llegando por el alto te da la bienvenida una escultura hecha de alambre del Che Guevara, en Santa Cruz te saluda una réplica de la estatua de la libertad. Se ve que hay más poder adquisitivo y su población no parece tan fragmentada. En Santa Cruz la gente es mucho más amable, es como si conforme el clima se va poniendo mas cálido, así lo hace también el pueblo. El pueblo boliviano andino no es fácil. La gente por lo general es arisca y malgeniada, extremadamente desconfiados y cerrados, especialmente hacia los extranjeros. A partir de Santa Cruz ya se puede pedir prestado el baño sin esperar un rotundo "NO" por respuesta. Te saludan y hablan con confianza, y así es también más fácil acercarse a las personas. Asíq ue aqui, Gus se dedicó a manguear, acercarse a la gente en la plaza y ofrecerle nuestros productos. Mi timidez innata no me deja hacerlo pero Gus no se hace problemas en aproximarse a un extraño y entablar una conversación de la nada que termina en una venta. Así que con Nehuén esperábamos a su papá jugando en la plaza con los niños que ya no están acompañados por nanas como en Lima, sino por padres o abuelos que les dan mas libertad y los dejan ser ellos mismos, algo para mi básico en el desarrollo de cualquier ser humano. Igualmente nuestra sensación estando en Santa Cruz fue "queremos irnos YA". Así que nuestra estadía fue corta y para el fin de semana ya estábamos en Cotoca, un pueblo aledaño que tiene una virgen muy famosa y donde los domingos se realiza una concurrida feria.







Ese lunes ya estábamos camino a la frontera pensando que se habían acabado los lugares para visitar y trabajar. Pero como a tres horas de camino vimos un cartel en la carretera indicando que hacia la derecha queda Lagunillas. Yo recordé que en una conversación con un señor en Villa Tunari que nos quería comprar la camioneta este mencionó Lagunillas como parte de la ruta del Che. Así que sin pensarlo dos veces entramos por un camino de tierra pensando que a pocos kilómetros estaría Lagunillas. Después de una eternidad aún no aparecía nada. Ya estaba oscureciendo y comenzamos a dudar, que hacer? volvemos? pero no nos quisimos quedar con la duda y seguimos avanzando. Una parte del camino parecía bastante arenada, pero la combi como buena guerrera que es, logró pasar. Seguimos avanzando hasta que nos encontramos con un automóvil que nos confirmó que estábamos camino a Lagunillas. Cuando por fin llegamos al cruce, vimos un cartel que indicaba que hacia la derecha estaba Ñancahuasu y la ruta del Che. Así que hacia allá fuimos, ya estaba todo oscuro y paramos en la primera casa que vimos a preguntar donde era que estábamos. De inmediato nos abrieron los portones y nos invitaron a quedarnos. Nos presentamos y pasamos una noche bajo uno de los cielos más estrellados que jamás vi. Estas personas, a pesar de su humildad, nos invitaron sopa, desayuno y almuerzo al día siguiente. Estaban felices con nuestra visita y nosotros con su hospitalidad. Al día siguiente fuimos a conocer el lugar donde el Che y su guerrilla habían armado el campamento principal. Ya casi no quedaba nada, apenas unos ladrillos en el suelo. Gus encontró el cartucho de un fusible muy antiguo que pensamos debe ser de un combate que tuvieron los guerrilleros en el lugar con los soldados del ejército. Al volver, la señora nos esperaba con el almuierzo sobre la mesa y unos mates de sobremesa.











Después de pasar la tarde charlando y riendo, nos despedimos y partimos al pueblo de Lagunillas. Lagunillas es pequeño, muy tranquilo y tiene un buen museo sobre lo que pasó en esos años en que el Che y su guerrilla se instalaron en Ñancahuasú. Nos quedamos dos noches y salimos a Camiri, una pequeña ciudad a unas dos horas de camino. A poco de salir de Lagunillas la combi quedó atascada en la arena, pero por suerte pasó un enorme camión que nos ayudó a salir.



Habíamos decidido alquilar un cuarto un par de noches para poder trabajar después de que Nehuén se duerma porque el parche nos había quedado bastante pobre. Para nuestra sorpresa nos alojamos justo en el hospedaje Londres, donde había caído una de las guerrilleras en el año 67. Y según la gente del hospedaje en el año 66, el Che mismo se había hospedado en la habitación nr 7.




Ahora estamos en Villa Montes, a donde vinimos para una enorme feria ganadera y probar suerte con nuestras cosas. La plaza central es lindísima y mágica porque todos los días vendemos, y bastante bien. Acá, a pocos kilómetros de la frontera, somos testigos de las similitudes con la vecina Argentina: la gente toma mate todo el día, escucha Chacarera, come asado y dice varias veces "che" a lo largo de una conversación. Una persona de acá o de Camiri tiene mucho más en común con un salteño o un tucumano que con un paceño. Acá, he escuchado varias veces decir Colla como insulto. No quieren saber nada con la Wipala, y al igual que en Santa Cruz, nada con Evo ni con el gobierno central. Una vez más, me doy cuenta de la arbitrariedad de las fronteras y del error que se cometió al agrupar poblaciones en países sin tomar en cuenta las diferencias culturales entre ellas. Ahora, a pocos kilómetros de la frontera me siento nuevamente nerviosa por lo que va a pasar cuando querramos cruzarla. En silencio me digo que todo va a salir bien y me despido de Bolivia, interesantísimo país, y uno de los más maltratados de nuestro maltratado continente.











martes, 20 de julio de 2010

Migraciones = Dolores de cabeza

Fronteras. Nunca el sueño de un contiente unido pareció tan lejano como cuando tuve que hacer migraciones para entrar a Bolivia. "A usted, por ser argentino le damos 90 días", le dijo a Gus el señor encargado de estampar el sellito en el pasaporte con los días que tendríamos permitidos estar en el país. "A usted, como es peruana, le daré 30". Sólo después de hacerle ver que lo que iba a hacer no tenía sentido porque somos una familia y viajamos juntos, terminó sellandome 90 días. Igual, sus palabras siguen retumbando en mi cerebro. Peruanos, colombianos, bolivianos somos discriminados en las fronteras por nuestra mala fama y nos discriminamos entre nosotros. Sin embargo, una vez cruzada la frontera son menos las cosas que diferencian y más las que unen: la misma cultura andina que se refleja en los rasgos y motes al hablar, en las comidas y en los vestidos de las mamitas. Yo, como limeña, soy vista como extranjera por mis propios paisanos. Y por momentos estando en Bolivia me olvido de que ya no estoy en el Perú.

El trámite para sacar la combi del país fue todo lo tedioso, largo y caro que nos imaginamos y más. Y desaguadero es tan feo como su nombre. Pero la parte mas dura fue sacar a Gus del país una semana antes, cuando nos fuimos a hacer tiempo a Copacabana. Haciendo migraciones en la frontera de Kasani, los encargados de estamparle el sellito con la salida en el pasaporte se negaron a hacerlo. Porqué? Porque le faltaba un sellito en el carnét de residente que costaba $20. La alternativa que nos daban? Volver hasta Lima para comprar el sellito. Como esta alternativa nos parecía imposible, tuvimos que batallar durante cuatro horas para poder irnos de una vez por todas a Bolivia. Sólo despues de que el consulado argentino se comunicara con una jefa de migraciones en Lima y ésta le diera la orden al par de ineptos encargados de la frontera de dejarlo salir, nos pudimos ir agotados de tanto pelear. Estuvimos en el limbo migratorio durante cuatros días, yendo en el día a Copacabana para trabajar y volviendo por la noche a Yunguyo, en Perú, para dormir en la combi porque ella sólo podía salir del país por la frontera de desaguadero. En Copacabana Sergio se mudó a un cuarto y la combi se sintió como un amplio departamento. Tengo que decir que las mamitas de Copacabana son las mas malvadas de todas, poco falta que te ladren cuando les quieres comprar algo.

Pasando el aburrimiento de esperar tomando fotos mientras la combi estaba en el almacen con los camiones



Pasamos casi una semana en La Paz, una ciudad que genera sentimientos contradictorios. A simple vista puede parecer horrible y después te das cuenta de que tiene un encanto particular. La Paz es una ciudad color ladrillo rodeada de cerros, al pie de un impresionante nevado. La ciudad se desparrama tanto para arriba como para abajo siendo estos dos extremos, los extremos mismos de la escala social. Arriba, en la zona denominada El Alto, está la parte más nueva y pobre de la ciudad, con las casas a medio construir, calles de tierra y caóticos movimientos de masas de gente y vehículos. Allí se realiza dos veces por semana una feria enorme de ropa usada, repuestos de autos, electrónica, juguetes y cuantas cosas uno quiera comprar más barato que en cualquier otro lugar. Luego está el centro de la ciudad, el centro histórico que se caracteriza por sus construcciones antiguas, las empinadísimas calles y el caos vehícular extremo. Nadie respeta la luz roja, los policías están pintados y las combis asesinas siguen vigentes. Si uno sigue bajando, mucho, llega a la parte sur de la ciudad, a donde se han ido a refugiar los ricos en sus enormes casas rodeadas de muros. Ahí es donde nos quedamos a dormir, primero porque en esa zona queda la calle donde se parcha, y segundo porque obviamente es más tranquilo que los otros dos lugares. Eso lo confirmamos la última noche que nos fuimos a dormir cerca del centro porque queríamos estar temprano a la mañana para la feria de los domingos que se hace en la Av del Prado, y tuvimos que dar vueltas como dos horas hasta encontrar un lugar seguro para dormir.

La Paz



Después de la existosa feria del domingo que nos llenó el tanque, nos vinimos directo para Cochabamba dejando atrás el crudo frío del altiplano. Esta ciudad es más homogénea y chica, más barata y la gente más amable. Mientras tanto, vemos a Nehuén crecer frente a nuestros ojos, haciéndose niño y dejando poco a poco de ser bebé.

martes, 6 de julio de 2010

Atascados en Puno

Luego de muchos kilómetros recorridos llegamos a Puno, pensando que sería una pasada breve por esta ciudad que parece un gran pueblo joven con una hermosa vista al Titicaca. Pero como en la vida, en el viaje las cosas nunca son fáciles, especialmente en el Perú. Una peruana con ansias de recorrer el mundo tiene que buscarse un pasaporte de otro país para lograrlo, y un auto peruano para salir a pasear a un país vecino tiene que ser exportado y pasar por todos los trámites aduaneros como si fuera un camión de carga. Claro que la burocracia no podía faltar y nos falta un papel que solamente se puede conseguir en Lima, así que habrá que esperar hasta que mi mamá, mi angel de la guarda, nos lo pueda enviar. Aviso a todo aquel que tenga pensado salir con su auto del Perú que además tiene que recurrir obligatoriamente a un agente aduanero que cobra entre 100 y 120 dólares por hacer el trámite, y que hay que pagar $23 para que pesen y revisen el auto en un almacén. Encima, te dan un tiempo límite de viaje: el plazo de retorno al país es de 12 meses, tiempo que para cualquiera es un exceso, a nosotros nos resulta corto, especialmente si algún día queremos subir hasta méxico y volver, pero eso ya se verá en su momento. Es dificil de aceptar, luego de ver pasearse a alemanes, franceses, argentinos, suizos, colombianos, entre otros en sus casas rodantes sin tener que pagar nada ni pasar por un trámite tan desgastante, que para los peruanos algo tan simple puede hacerse tan complicado. Pero no imposible así que seguimos para delante.

La salida de Nazca nos tomó un poco más de lo esperado. El día de nuestra supuesta partida hacía Camaná en Arequipa, visitamos unos acueductos preincas alucinantes en las afueras de Nazca a los que no les hacen ni el 1% de publicidad de lo que le hacen a las líneas. Después de los acueductos nos quedamos un rato desayunando en la combi, disfrutando del clima, del paisaje y de la buena compañía hasta que se nos acercó un hombre joven vestido de pies a cabeza de arqueólogo, presentándose como Jansen, el arqueólogo que guió a la National Geographic a no sé qué ruinas que él mismo había descubierto, y pidiéndonos el favor de si lo podíamos acompañar a ver el geoglifo de Cantalloc y la Pirámide de Cahuachi para que saliéramos con él en las fotos que iba a colgar en su página web. Nos cayó simpático y no lo pensamos demasiado para responderle que claro, y hacia allá fuimos con Jansen, su tía Teresa y su primo que iba a tomar las fotos. En otra dimensión nos hubieran asaltado y robado el auto, pero en esta tuvimos una interesante y gratuita visita guiada a lugares increíbles que a la sombra de las famosísimas líneas de nazca no son aún muy visitadas por las hordas de turistas. Encontramos muchísmo, demasiado, terreno huaqueado, restos de cerámicas, huesos y mandíbulas tirados por el piso lleno de horificios de lo que alguna vez fueron tumbas cuidadosamente decoradas. Es impresionante todas las construcciones que se mandaron los antiguos pobladores de este territorio ahora llamado Perú, la perfección, el decorado y el arte en todo lo que hicieron. Es impresionante que los nuevos pobladores, ahora llamados peruanos, hayan logrado destruir gran parte de este legado a cambio de lo que cuesta un manto preinca en el mercado negro. Tal vez sea gracias a ellos que las líneas de Nazca sean un gran misterio porque tal vez la respuesta se fue con todo lo que destrozaron y vendieron. Con Jansen teorizamos luego de pedir que por favor la tumba del señor de Nazca no haya sido encontrada aún por los huaqueros, que tal vez esta yacía debajo de las mismas líneas de Nazca y por ser estas intocables nunca sería encontrada. Ojalá sea así y que el señor de Nazca y su legado no se encuentren en la mansión de algún coleccionista millonario. El paseo duró todo el día así que dormimos afuera de la casa de Jansen luego de meternos una panzada de tallarines con verduras salteadas y recién pudimos salir al día siguiente rumbo al sur.

Los acuedutos










El paseo con Jansen







Al día siguiente partimos temprano hacia Camaná pero la noche nos alcanzó en un pueblito minero medio feo llamado Chala porque hicimos una larga parada en Sacaco, un lugar que hace millones de años fue un fondo marino y donde todavía el suelo está cubierto por conchitas y huesos fósiles de la prehistoria. Increíble. Sólo nos quedamos a dormir una noche en Chala, que es caro por culpa de los mineros - por alguna razón su presencia eleva en ese lugar hasta el precio del pan. Y lo peor que tiene ese lugar es que le da la espalda al mar, todas las casas lo tapan y miran a la carretera y apenas se nota que sus olas rompen a pocos metros.

Sacaco




Camaná, un balneario arequipeño tranquilo y ordenado, fue para nosotros bastante intrascendente, seguramente porque pasamos fuera de temporada y no vendímos nada ni encontramos nada interesante que hacer. Decidimos irnos directo para el Cañón del Colca, lugar de paso obligatorio para centenares de turistas extranjeros y donde pudimos hacer la plata para seguir el camino hasta acá. Felizmente la combi rinde bien y salvo unos pequeños traspies se porta como toda una guerrera subiendo por caminos empinados y a casi 5000 metros sobre el nivel del mar. Antes de llegar al Colca tuvimos que pasar la noche en un peaje que queda a más de 4500 metros de altura y sentimos el frío de nuestras vidas. Al día siguiente bajamos rápidamente para quedarnos una semana en el pequeño y bonito pueblito de Chivay a la cabeza del Cañón yendo todos los días a parchar a las termas de la Calera donde se hizo la magia y juntamos varios cienes que pagaron la gasolina hasta acá y que la pagarán hasta Copacabana, el lado Boliviano del Titicaca donde tendremos que nuevamente, hacer las lucas para seguir.