martes, 20 de julio de 2010

Migraciones = Dolores de cabeza

Fronteras. Nunca el sueño de un contiente unido pareció tan lejano como cuando tuve que hacer migraciones para entrar a Bolivia. "A usted, por ser argentino le damos 90 días", le dijo a Gus el señor encargado de estampar el sellito en el pasaporte con los días que tendríamos permitidos estar en el país. "A usted, como es peruana, le daré 30". Sólo después de hacerle ver que lo que iba a hacer no tenía sentido porque somos una familia y viajamos juntos, terminó sellandome 90 días. Igual, sus palabras siguen retumbando en mi cerebro. Peruanos, colombianos, bolivianos somos discriminados en las fronteras por nuestra mala fama y nos discriminamos entre nosotros. Sin embargo, una vez cruzada la frontera son menos las cosas que diferencian y más las que unen: la misma cultura andina que se refleja en los rasgos y motes al hablar, en las comidas y en los vestidos de las mamitas. Yo, como limeña, soy vista como extranjera por mis propios paisanos. Y por momentos estando en Bolivia me olvido de que ya no estoy en el Perú.

El trámite para sacar la combi del país fue todo lo tedioso, largo y caro que nos imaginamos y más. Y desaguadero es tan feo como su nombre. Pero la parte mas dura fue sacar a Gus del país una semana antes, cuando nos fuimos a hacer tiempo a Copacabana. Haciendo migraciones en la frontera de Kasani, los encargados de estamparle el sellito con la salida en el pasaporte se negaron a hacerlo. Porqué? Porque le faltaba un sellito en el carnét de residente que costaba $20. La alternativa que nos daban? Volver hasta Lima para comprar el sellito. Como esta alternativa nos parecía imposible, tuvimos que batallar durante cuatro horas para poder irnos de una vez por todas a Bolivia. Sólo despues de que el consulado argentino se comunicara con una jefa de migraciones en Lima y ésta le diera la orden al par de ineptos encargados de la frontera de dejarlo salir, nos pudimos ir agotados de tanto pelear. Estuvimos en el limbo migratorio durante cuatros días, yendo en el día a Copacabana para trabajar y volviendo por la noche a Yunguyo, en Perú, para dormir en la combi porque ella sólo podía salir del país por la frontera de desaguadero. En Copacabana Sergio se mudó a un cuarto y la combi se sintió como un amplio departamento. Tengo que decir que las mamitas de Copacabana son las mas malvadas de todas, poco falta que te ladren cuando les quieres comprar algo.

Pasando el aburrimiento de esperar tomando fotos mientras la combi estaba en el almacen con los camiones



Pasamos casi una semana en La Paz, una ciudad que genera sentimientos contradictorios. A simple vista puede parecer horrible y después te das cuenta de que tiene un encanto particular. La Paz es una ciudad color ladrillo rodeada de cerros, al pie de un impresionante nevado. La ciudad se desparrama tanto para arriba como para abajo siendo estos dos extremos, los extremos mismos de la escala social. Arriba, en la zona denominada El Alto, está la parte más nueva y pobre de la ciudad, con las casas a medio construir, calles de tierra y caóticos movimientos de masas de gente y vehículos. Allí se realiza dos veces por semana una feria enorme de ropa usada, repuestos de autos, electrónica, juguetes y cuantas cosas uno quiera comprar más barato que en cualquier otro lugar. Luego está el centro de la ciudad, el centro histórico que se caracteriza por sus construcciones antiguas, las empinadísimas calles y el caos vehícular extremo. Nadie respeta la luz roja, los policías están pintados y las combis asesinas siguen vigentes. Si uno sigue bajando, mucho, llega a la parte sur de la ciudad, a donde se han ido a refugiar los ricos en sus enormes casas rodeadas de muros. Ahí es donde nos quedamos a dormir, primero porque en esa zona queda la calle donde se parcha, y segundo porque obviamente es más tranquilo que los otros dos lugares. Eso lo confirmamos la última noche que nos fuimos a dormir cerca del centro porque queríamos estar temprano a la mañana para la feria de los domingos que se hace en la Av del Prado, y tuvimos que dar vueltas como dos horas hasta encontrar un lugar seguro para dormir.

La Paz



Después de la existosa feria del domingo que nos llenó el tanque, nos vinimos directo para Cochabamba dejando atrás el crudo frío del altiplano. Esta ciudad es más homogénea y chica, más barata y la gente más amable. Mientras tanto, vemos a Nehuén crecer frente a nuestros ojos, haciéndose niño y dejando poco a poco de ser bebé.

No hay comentarios: