Son muchas las historias y las personas que hemos tenido el honor de conocer y reencontrar desde que partimos hace un poco mas de dos meses de Buenos Aires:
Los hermosos chicos de Santa Clara, que trabajan en el negocio familiar en conjunto y nos enseñaron que realmente no es necesario que el lugar que finalmente elijamos para vivir sea un paraíso tropical, porque si tenemos la suerte de tener un grupo de gente así cerca nuestro, la belleza del paisaje se vuelve secundaria.
Santa Clara
Los chicos que encontramos en Cueva del Tigre cerca de Necochea y el reencuentro de Gus con su viejo amigo Nico, su estilo alternativo de vida, acampando como si no existiera el tiempo en una de las playas mas lindas que vimos del litoral argentino.
Cueva del Tigre
Los combinautas en Las Grutas que con entusiasmo y gran solidaridad se tiraron abajo de la combi a examinar el motor que hacía un ruidito medio extraño y a enseñarle a Gus con toda la paciencia cómo arreglarlo. Ahí también encontramos a unos chicos artesanos que habíamos conocido brevemente en Montañita el año pasado e hicimos un hermoso viaje con ellos por la península Valdés y realmente me sentí privilegiada de poder conocer lugares tan remotos para mi, salidos de los libros de la escuela.
También vivimos caminos coloridos, paisajes alucinantes y lugares donde los animales en su hábitat siguen su curso tranquilamente, indiferentes a la presencia del hombre. Nehuén caminó al lado de pinguinos en la colonia mas grande de pinguinos de magallanes en Argentina en Punta Tombo y vio de cerca jaurías de lobos marinos, y pensé que a pesar de que tal vez él no vaya a recordar todas estas experiencias, en algún lugar de su subconsciente éstas tendrán que nutrir su espíritu y su crecimiento mejor que si solamente los viera por la televisión o encerrados en algún zoologico.
La cosa se fue poniendo mas fría conforme íbamos descendiendo en el mapa, y llegando a Río Gallegos nos sentíamos mas en pleno invierno que al final del verano. Ahora en Tierra del Fuego el clima recrudece cada tanto, aunque de vez en cuando nos bendice el sol con sus rayos y nos calienta los huesos cuando sale. Ushuaia es hermoso y nos quedamos una semana como turistas visitando museos y paseando por la ciudad. Finalmente dormimos una noche en el parque nacional, donde solían vivir los indígenas Yagana, los mas australes del continente. El lugar es mágico y no podíamos dejar de asombrarnos de como estos humanos cazadores y recolectores vivieron en estas condiciones tan crudas sin vestimenta, hasta que llegó el hombre occidental, que al quererlos "domesticar", les puso ropa. Esto causó que se comenzaran a morir de infecciones y fiebres porque como la ropa no queda seca después de la lluvia, la ropa mojada los enfermó y se redujo su población significativamente, lo que llevó al final a su (evitable) extinción. Y pensé en que tal vez esa sea meta del hombre occidental, homogeneizarnos a todos con esta cultura global para poder dominarnos mejor o tal vez solo sean mis paranoias de siempre sobre el sistema.
El pueblito de Tolhuin y su panadería famosa nos permitió trabajar lo suficiente como para recuperar la enorme suma que nos costó ponerle amortiguadores nuevos a la combi ya que el camino chileno, hecho de tierra y piedras nos los reventó. Resulta que por alguna razón política que yo aún no logro comprender, 200km de Chile se encuentran entre la provincia de Santa Cruz y la isla de Tierra del Fuego. Lo que quiere decir que tuvimos que hacer cuatro veces migraciones y cuatro veces aduana con la combi. Lo que quiere decir que tuvimos que dejar todas nuestras semillas y nuestros trabajos con semillas y plumas porque los chilenos son muy estrictos en lo que concierne entrar estos materiales en su territorio, así se trate de solo un pedazo en una isla. "Al pedo" como diría Gus, lo único que para mi consiguen es incomodar y hacer perder el tiempo a cientos de personas por día que lo único que quieren es simple: pasear y conocer. Y para volver lo mismo, más trámites, más tiempo perdido y otra vez el camino fatal de los chilenos, que como no ganan nada haciéndolo, prescindieron de asfaltar su parte del camino.
Próximo destino: El Calafate, desde donde podremos ir a saludar al seguramente imponentísimo PARI-AIKE, mejor conocido como el Perito Moreno.
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